Esa herida te duele y amenaza con abrirse o se abre cuando te olvidas de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír; apenas lo intentas la herida surge, su recuerdo primero, su dolor enseguida, aquí estoy, anda despacio. No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así evitando lo que no debes. Manuel Rojas
miércoles, 11 de abril de 2012
Dispensada
Comenzaba a ser libre cuando una gota la alcanza.
Ya lo era luego cuando la lluvia la empapa.
Y de pronto mirando a lo alto, ella escapa de su tortura.
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